Lectura: 7 minutos · Juan J. Sánchez · Equipo Webcomunica

Un huésped entra en su habitación, suelta la maleta y enciende la tele. Lo que le aparece en pantalla es una aplicación que no está en ninguna tienda. La hicimos nosotros, para ese hotel, y le saluda por su nombre.

Detrás hay tres cosas montadas desde cero: una app nativa de Android TV, un servidor metido dentro del propio hotel y un panel web desde el que recepción lo maneja todo. Voy a contar cómo se llegó hasta ahí.

El encargo

Llevamos el mantenimiento y el soporte informático del Hotel Castillo de Monda, así que la conversación fue directa: querían mejorar lo que ven sus huéspedes.

En las habitaciones tenían una app de televisión que fallaba bastante. No estaba adaptada a nada suyo: ni la identidad del hotel, ni su información, ni su manera de tratar al que duerme allí. No era intuitiva, y llegar a un canal costaba más de lo que debería. Los canales, además, estaban a medias. Unos de los que querían sí, otros no. Y del hotel —horarios, servicios, el restaurante— no se veía ni una línea.

Pero lo peor no se notaba desde la habitación. Estaba instalada a mano, televisor por televisor. Cuarenta televisores, cuarenta islas. Corregir un canal eran cuarenta veces la misma tarea, con la escalera a cuestas. Y si el hotel quería avisar de la cena temática del viernes, sencillamente no había dónde escribirlo.

Nada de lo que se compra hecho encajaba. Así que nos pusimos a construirlo.

Lo primero que probamos

Empezamos por lo más directo. Los televisores son Android y llevan navegador, así que montamos una web a pantalla completa con la imagen del hotel, servida desde el propio edificio. Sobre el papel es la solución limpia: una sola web y las cuarenta pantallas enseñando lo mismo a la vez.

Las pruebas nos enseñaron dónde estaba el techo. Un televisor de habitación no es un ordenador. El navegador que lleva dentro es viejo y tira del vídeo por software, sin apoyarse en el hardware, y eso se nota justo donde molesta: va lento y las letras se leen regular. Al huésped que enciende la tele a las once de la noche todo esto le da igual. Solo ve que va mal.

Ahí decidimos bajar un piso y hablarle al televisor en su idioma. Una app nativa de Android TV, hecha para esos aparatos.

Qué hace la app

Va con el reproductor apoyado en el hardware de la tele en lugar de peleándose con él, que era el problema de antes. Y por dentro tiene más de lo que se ve:

  • Recibe al huésped por su nombre, con un saludo que cambia según la hora.
  • Cinco idiomas, que elige él mismo con el mando nada más encender.
  • 67 canales nacionales e internacionales, en directo.
  • La información del hotel: horarios, servicios, restaurante, actividades y los vídeos del propio hotel.
  • Arranca al instante. Esto no lo pide nadie en una reunión y es lo que más cambia la sensación de que algo va fino. En vez de preguntarle al servidor cada vez que se enciende —y hacer esperar—, guarda la última respuesta y la pinta ya, mientras comprueba por detrás si hay algo nuevo. El huésped enciende y está dentro.
  • Se actualiza sola. Nadie tiene que subir a la habitación con un pendrive.

El servidor que vive en el hotel

Aquí está la pieza que sujeta todo lo demás: un servidor instalado dentro del hotel. Él recibe los canales una vez y los reparte a los cuarenta televisores por la red interna. Una entrada, cuarenta salidas.

Que esté en el edificio importa más de lo que parece. La televisión del hotel no cuelga de ningún servicio de fuera, y cuando algo se rompe se rompe en un sitio y se arregla en un sitio.

El panel, que es lo que más se usa

De poco vale una app bonita si cada cambio hay que pedírselo al informático. Por eso la tercera pieza es un panel web, y acabó siendo la que más se toca en el día a día.

Recepción escribe ahí los horarios, los servicios y los mensajes, y salen al momento en todas las habitaciones. También pone el nombre del huésped que acaba de entrar.

Y hay una función que se usa más de lo que imaginábamos: desde recepción se manda un mensaje a la televisión de una habitación concreta y aparece en pantalla. Un paquete que ha llegado, la mesa confirmada para la cena, un taxi esperando abajo. El huésped se entera sin que nadie le llame ni suba a buscarle.

Para el mantenimiento, el panel enseña el parque entero: qué televisores están encendidos, qué versión lleva cada uno, cuál lleva rato callado. Desde ahí se le pide a una tele que recargue, que se reinicie o que muestre un aviso. Y cuando hay versión nueva de la app, se sube desde la web y las teles se actualizan solas.

De cuarenta islas a un sitio desde el que se ve y se toca todo.

Lo que me llevo

El mantenimiento que no se ve es el que se come las horas. Cuarenta instalaciones a mano no dan un problema gordo que alguien apunte en una hoja. Dan cuarenta chorradas pequeñas repartidas por el año, y esas no las cuenta nadie aunque las sufra todo el mundo.

Y otra cosa, que vale para cualquier proyecto: en un hotel la mejor tecnología es la que el huésped no ve. Enciende la tele, le saluda por su nombre, elige un canal y no piensa ni un segundo en cómo ha llegado esa señal hasta ahí. Con eso nos damos por satisfechos.

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Juan J. Sánchez · Equipo Webcomunica